
¿Por qué tengo que aguantar los gritos de una sociedad ególatra?
Si al escuchar el llanto de un niño ríen y no ayudan, si al despertar cada mañana aquel niño ya consumido sigue pidiendo auxilio y ni los estruendos del carrusel donde yacen sus sueños calman su angustia, si la carnívora mirada de aquel que espera su muerte como buitres rodeando su cuerpo magnifica su latente perecer y su alma muerta mientras el morado de sus labios calma a momentos su memoria. Miro a cada despertar por mi ventana y él agita sus brazos mirándome a los ojos, como si le conociera, como si tuviera que entender su mensaje. .
Sus extrañados ojos cafés brillan alrededor del opaco manto que le cubre y su cara demacrada de niño ajeno, con sus heridas aún sangrantes y su pelo negro oscuro, opaco, trata de lucir firme, pero su rostro angelical no permite confusión, aprendió de la vida sin ayuda, creció cobarde y fuerte al mismo tiempo, tenía sueños, pero se los robaron mientras su mirada se perdía, tenía penas que ocultaba con sonrisas, tenía poco, pero para él tanto.
Tan ciego puedes estar para no ver el sufrir de alguien que pasa a tu lado con una cara demacrada y se pudre entre la gente a la cual torturas con indiferencia en la calle, sus almas van desgastándose y sus brazos se cansan, sus piernas ya no dan más, su mirada gacha y disminuido, son fantasmas que vemos, pero ignoramos, son “eso” no “él”, no crees que con tan sólo un momento para escucharle puedes hacerle feliz, con un minuto de tu vida y pensar que en algún momento puedes ser tú quien necesite de el apoyo, de aquel minuto....
continuará... o no?

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