sábado, 23 de agosto de 2008

Inminente



Ella paseaba las lápidas, donde el frío era inmenso, donde yacían los sueños perdidos.

En esa oscuridad, entre tanto temor, miraba las noches y decía:

“¿Cuál es mi destino?, ¿Perecer entre más perdidos?, ¿Buscar una salida y dejar atrás mi alma en pena?, llorar hasta no tener más lágrimas y morir, sin que nadie se da cuenta, sin que a nadie la importe… morir”.

Un día entre tanto miedo decidió escapar, salir de aquel lugar donde estaba ensimismada y empequeñecida, se dio cuenta de tanta miseria tarde pero pudo.

Su largo vestido negro volaba al son de las aves, su blanca tez resaltaba de tanta oscuridad, sus rojos labios acaparaban la atención de rosas envidiosas por su color y sus dulces y negros ojos vacíos dejaban neutro el reflejo de la luna, su pelo negro y ondulado, largo entristecido.

Entre su carrera desesperada la lluvia pidió se testigo, millones de gotas desde grises nubes bajan hasta caer en su pelo, recorriendo su cuerpo extasiadas, mientras ella se detenía, ya no había nada más, tristes flores, tenebrosos árboles, una noche como todas y su sueño empapado de incertidumbre.

Ella no sentía su cuerpo, temblaba y a ratos perdía la noción del tiempo, ya no podía correr, su cuerpo débil no soportó, todo volvió a ser negro.

Una gota en su mano la despertó, estaba ensangrentada, sus brazos, sus piernas, su vestido combinaba con el rojo de sus labios que se volvía tenue, se hacía mil preguntas, no encontraba respuestas.

Su mente ya más lúcida buscaba una forma de levantarse, pero su cuerpo no respondió. La sangre teñía el suelo donde ella perecía sin esperanzas, parece que de nada sirvió. Ahora ve su cuerpo ahí tirado, lavada por las gotas que momentáneamente caen en su cuerpo, su piel blanca, sus labios color muerto, la bella escultura de su cuerpo permanentemente inmóvil, tirado entre sombras.

Todo terminó como empezó, pero ahora Ella vaga entre las rosas que en algún momento sedujo rogándoles por un poco de calor. Ahora su cuerpo putrefacto, pero tan hermoso como antes se arrepiente de haber querido algo mejor y en ello haber encontrado su final.

Toma sus manos de ves en cuando y se da cuenta de que nada puede ser mejor, trató de salir de la estipulado y encontró hasta el olvido de la lluvia, de la luna, del temor, quedó vacía, ahora sí, vacía, ya no le queda nada, ni esperanzas, ni dolor, sólo vaga entre los árboles que en algún momento fueron testigos de su intento fallido de encontrar una solución.



___ya nadie me puede ayudar___

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